Esta entrega comprende tres secciones, de las cuales la primera está dedicada al tema del alcance y las confrontaciones de la semiótica de la cultura a la luz de los estudios semióticos contemporáneos. El interés de volver hoy sobre la semiótica de la cultura reside en otorgarle un lugar a una corriente de pensamiento que demoró mucho tiempo en ser difundida en el ámbito hispanohablante. Como sabemos, pocas obras de Lotman circularon en nuestro medio entre finales de los setenta y la década de los ochenta, siendo la primera de ellas Estructura del texto artístico (1978). Ya en los años noventa, y gracias a la recopilación y traducción de Desiderio Navarro, pudimos acceder, en primer lugar, a una serie de artículos de la Escuela de Tartu, en el “Homenaje a Lotman” publicado en la revista Escritos (1993); y, en segundo lugar, a más de cincuenta trabajos de Lotman publicados en los emblemáticos libros de la editorial Cátedra: La semiosfera I (1996), II (1998) y III (2000), también en la traducción de Desiderio Navarro. Hoy en día, debemos gran parte de la difusión de la obra de Lotman al Grupo de Estudios de Semiótica de la Cultura (creado y dirigido por Jorge Lozano), que intensificó el rescate y estudio del semiotista de Tartu en el medio hispánico.
El concepto de cultura, a veces tan amplio que puede resultar ambiguo, fue semiotizado por Y. Lotman hacia los años setenta del siglo pasado. Lotman lo definió —y matizó a lo largo de su obra— como un continuum delimitado, tanto heterogéneo —en sus textos, prácticas, lenguajes y signos— como homogéneo —en su mecanismo—, con diferentes niveles de organización que le confieren una identidad propia, identificable y observable. Así, Lotman propone el neologismo de semiosfera que no es, evidentemente, idéntico a lo que se ha entendido por cultura. Lotman conceptualiza la semiosfera como el espacio semiótico en el que tienen lugar todos los procesos comunicativos, análogo a la biósfera en ecología. Se trata de un espacio abstracto y dinámico que abarca todos los signos, textos y lenguajes a través de los cuales se genera y comprende la significación dentro de una cultura determinada.
La semiosfera no es uniforme, sino que contiene un centro y una periferia. En el centro, se concentran las formas de comunicación dominantes, a menudo estandarizadas, mientras que la periferia, difusa, alberga formas de expresión marginadas o menos codificadas. Entre el centro y la periferia existe un flujo o movimiento que permite el intercambio y la transformación continua de elementos semióticos. En “El poder en la constitución cultural del espacio semiótico”, Eduardo Yalán Dongo se interroga sobre el papel del poder dentro de la teoría lotmaniana, en específico sobre su relación con la noción de semiosfera, y la confronta con algunas teorías filosóficas contemporáneas (Foucault, Brandom, Wartenberg, Spinoza). Parte de la consideración estructuralista del poder como modalidad narrativa exógena para llegar al planteamiento de Lotman, para quien el poder es más bien el resultado del espacio semiótico o semiosfera. Es en el centro de la semiosfera donde se producen y fijan formas estables de significación. El poder es, entonces, la concentración y el dominio de esas formas semióticas centrales sobre las de la periferia.
Para Lotman, la semiosfera es, además, inherentemente dialógica, lo que significa que los procesos de creación de significado son relacionales e implican la interacción entre diferentes lenguajes, textos y códigos culturales. Una semiosfera es, también, “vecina” de otras semiosferas a las que considera “extrañas” o extranjeras, con las que, sin embargo, comparte una frontera permeable por la que pueden filtrarse elementos significantes hacia adentro o hacia afuera. De aquí la importancia de los conceptos de “traducción”, “transposición” y “exclusión”. Angelo Di Caterino, en “La semiosfera: herramienta para una semiótica de las creencias digitales”, aplica el modelo lotmaniano a colectivos digitales y destaca cómo el funcionamiento de las llamadas “burbujas de filtrado” va delimitando una colectividad (sus prácticas, interacciones y conflictos), diferenciándola de otras y construyendo efectos de credibilidad, pero también cierto diálogo. Así, las esferas conspirativas no pueden dejar de dialogar y enfrentarse a los discursos oficiales.
Si volvemos al funcionamiento de la semiosfera, uno de los mecanismos de su periferia consiste en generar textos catalizadores, es decir, textos que producen nuevas semiosis que se enfrentan a las establecidas en el centro. En ocasiones, los catalizadores logran atravesar la semiosfera y volverse parte del centro. En el trabajo titulado “El albur: texto catalizador en la cultura popular mexicana”, Luis David Meneses Hernández y Saúl Hurtado Mares nos muestran de qué manera el albur, como juego del lenguaje, puede conformar textos catalizadores que desde la periferia convocan elementos extrasistémicos y producen un doble sentido o ambigüedad. Por un lado, producen un sentido automatizado y, por el otro, “disparan” una interpretación de orden sexual. Así, según los autores, el albur dinamiza la semiosfera del humor mexicano al activar las zonas liminares entre lo sistémico y lo extrasistémico.
Ahora bien, como sabemos, es a partir del desplazamiento del punto de vista hacia otros niveles de pertinencia del análisis semiótico —que replantean el principio de inmanencia— cuando se ha hecho necesaria, al menos en la semiótica de corte estructural, la integración de una semiótica de las culturas, en el marco de la cual el concepto de semiosfera —como estructura englobante— ha resultado muy útil. Así, por ejemplo, una de las relaciones más inmediatas es la que se puede establecer entre esta macrosemiótica, que auspicia y, al mismo tiempo, se alimenta de prácticas, entre ellas la enunciativa, y las formas de vida. A partir de este diálogo entre diferentes escuelas semióticas, nos ha interesado destacar el carácter heurístico del modelo de semiosfera en los estudios semióticos contemporáneos y la confrontación de sus mecanismos con la teoría general de la significación, sobre todo en su vertiente de corte estructural. Precisamente sobre este punto, Angelo Di Caterino parte, en el inicio de su artículo, de una breve pero clara explicación de la escasa recepción de la semiótica de Lotman dentro del estructuralismo de los primeros años y considera la necesidad de integrarla en los estudios postestructuralistas.
Los tres artículos aquí reunidos comparten la voluntad de este número de actualizar la semiótica lotmaniana interrogando sus fundamentos, expandiendo sus aplicaciones y confrontándola con nuevos objetos culturales. Leídos en conjunto, estos tres artículos delinean un mapa conceptual que articula tres ejes: 1) la frontera como lugar de traducción y de conflicto entre sistemas culturales; 2) el poder como principio organizador del espacio semiótico; 3) la textualidad como forma activa de reconfiguración simbólica. Desde las redes sociales globales hasta los juegos verbales populares, desde los debates filosóficos sobre la dominación hasta los microtextos digitales, la semiótica de la cultura se revela aquí no como un modelo cerrado, sino como un campo abierto a la reinvención crítica.
La segunda sección de este número reúne textos dedicados a la memoria de Raymundo Mier, colaborador constante e incansable de nuestro Programa y cofundador de nuestro Seminario de Estudios de la Significación. Esta compilación, llevada a cabo por César González Ochoa, también colaborador permanente y cofundador del Seminario, presenta diez textos heterogéneos que, desde registros diversos —académicos, ensayísticos y testimoniales—, buscan rendir homenaje a la figura y al pensamiento de Raymundo Mier Garza. La pluralidad de voces que aquí se congregan es un reflejo de la amplitud de intereses que él supo cultivar, no sólo en el dominio académico e intelectual, sino sobre todo en la amistad y la camaradería. Cada uno de los escritos, a su manera, da cuenta de una herencia que no se limita al terreno de las ciencias del lenguaje, sino que se extiende a la filosofía, la antropología, el psicoanálisis, la literatura, la vida afectiva, en un claro compromiso con el pensamiento como forma de vida. Esta sección quiere ser un gesto colectivo de reconocimiento hacia un pensador cuya palabra continúa siendo estímulo, interpelación y compañía para quienes lo leímos, lo escuchamos y, sobre todo, tuvimos el privilegio de tenerlo cerca.
Finalmente, en la tercera sección, “Noticias del Fondo Greimas de Semiótica”, presentamos las reseñas de dos obras de reciente publicación. Una de ellas es el libro De la corporeidad. Reflexiones semióticas, de Luisa Ruiz Moreno. El segundo libro reseñado forma parte de un proyecto colectivo de largo alcance iniciado en 2022, que es la coedición, por parte de nuestra Universidad y la Universidad Nacional Villa María (de Córdoba, Argentina), de la Obra reunida de Raúl Dorra.